Testimonios
Muerte en la carretera
de la costa
Málaga homenajea a los supervivientes de una matanza de la Guerra Civil
RAFAEL MÉNDEZ - Málaga - EL PAIS | Última - 24-05-2004
En febrero de 1937, entre 60.000 y 100.000 personas salieron de Málaga hacia Almería por la carretera de la costa. Huían de las tropas franquistas. En el intento murieron al menos 5.000 republicanos. Caían de hambre. Caían disparados por dos barcos, el Cervera y el Canarias, que costeaban junto a ellos. Caían asediados por la aviación alemana y ametrallados desde los montes. Eran en su mayoría mujeres y niños. Ayer, 180 supervivientes de la matanza se reunieron en Málaga para explicar que, aunque las fotos del desastre son en blanco y negro, la sangre era roja; el mar, azul y la muerte, negra.
José Calleja tiene 71 años. En 1937, con cuatro años huyó junto a su familia sobre una burra que él recuerda blanca. "Yo iba en un serón que colgaba del animal", narra ahora encorvado y con los ojos llorosos. "Me
asomaba del capazo y contaba los cadáveres. Mi madre me decía que era gente durmiendo", relata emocionado.
Los supervivientes cuentan que es difícil describir tanto horror. Calleja, rebeca de lana y boina ladeada, afirma que huyeron por miedo a las represalias y porque contaban que los soldados marroquíes les cortaban los senos a las mujeres. Su prima, Concha Lara, de 78 años, iba con ellos: "Ni siquiera nos dejaban huir".
José y Concha están en la exposición que la Diputación de Málaga ha organizado sobre el cirujano canadiense Norman Bethune, que ayudó en el éxodo. Al reclamo de la exposición, que recoge la vida de Bethune y su estancia en Málaga a través de fotografías, muchos de los
supervivientes se pusieron en contacto con la organización. Ayer, al clausurar la muestra, la diputación les rindió homenaje. El crimen de la carretera de Málaga, como se conoció, fue una de las peores matanzas
de civiles de la guerra, pero es poco conocida.
Francisco Martín también tenía ocho años. Panadero jubilado, viste chaqueta y corbata para la ocasión,
y recuerda que su familia huyó en una camioneta. "Sólo circulaba de noche para no dar pistas a los barcosque nos disparaban". No comió hasta Orihuela, en Alicante, donde un hombre que vio la camioneta llena de niños
les regaló un montón de dátiles. Ya tenía sarna.
Vicente Vaquero (Archidona, 1911) es de los mayores entre los supervivientes. Con su bastón, su pelo al cepillo y su traje marrón recuerda que salió de Málaga en retirada el 8 de febrero, la misma mañana en que 25.000 soldados italianos, alemanes y nacionales entran
en la ciudad. "El día lo pasábamos escondidos en el monte, escuchando los cañonazos de los barcos y de noche avanzábamos entre sangre y cadáveres".
La carretera era un blanco fácil desde el mar. Hoy es la nacional 340 y discurre pegada a la costa, encajonada por Sierra Nevada. Actualmente, está jalonada por chalés e invernaderos. Los supervivientes aseguran que no sienten nada al pasar por allí. Sí sintieron ayer al ver las
fotografías: niños subidos en burros, cojos caminando por el monte y rostros marcados por el hambre.
Uno de los más afectados era Gaspar López Barros, que tenía 10 años y vivía en Alhama de Almería, a 223 kilómetros de Málaga. Allí llegaron días después de haber salido muchos de los emigrantes. "Llegaron al pueblo cayéndose. No podían dar un paso más. Los niños venían descalzos, muchos de ellos solos. Les abrimos las casas y les dimos de comer". Lo peor había pasado. Comenzaba para los supervivientes la cárcel, la posguerra y, 67 años después, un pequeño homenaje. Ayer, como el 8 de febrero de 1937, lucía sol en Málaga.
Jábega, nº 58. Málaga, 1987
La carretera de Málaga
a Almería. Textos
y testimonios
Barranquero Texeira, Encarnación y Nadal, Antonio
Los ochenta niños del orfanato esperábamos en la acera, cada uno con su ropa y alguna cosa más en un hatillo, a que llegaran unos autobuses del Socorro Rojo que iban a llevarnos. El gentío que pasaba era enorme. Llegaron los autobuses y toda la gente quería subir. En ese momento alguien dio la alarma y apareció un avión que, siguiendo la línea de la carretera, ametrallaba y bombardeaba a baja altura. Muchos salimos corriendo a refugiarnos en el campo; otros prefirieron quedarse en el autobús para asegurarse la plaza hasta Almería. Cuando
se marchó después de hacer varias pasadas en las que arrojó bombas incendiarias, volvimos y encontramos nuestro equipaje y los autobuses ardiendo: los que se quedaron estaban muertos. Todo el mundo trataba
de reencontrarse, pero del grupo de niños quedamos diez; de los demás y de los profesores no volvimos a saber nada en todo el camino. Y los diez, juntos y solos, nos fuimos hasta Almería.
Miguel Escalona, superviviente: 10 años en 1937

Al llegar al Faro de Torrox empezaron los bombardeos de los barcos...
Hirieron a mi tía y a su madre, que le atravesaron el pecho, pero no murió; mi tía todavía tiene metralla. Todos gritaban y trataban de encontrarse, pero dieron una voz de que los heridos se fueran a un coche y, como mi tía y su madre estaban heridas, las metieron en el coche. Y yo me quedé sola y me perdí...
Ana Pérez Rey, superviviente: 9 años en 1937
La aviación nos bombardeó por la Cuesta de los Caracolillos. Había unos acantilados muy pronunciados y la gente o se iba para el monte o para la orilla. Mi familia se dispersó; yo estaba al lado de un malecón. Oíamos silbar las bombas muy cerca. Cuando dejaron de
bombardear vi muertos por todas partes. Tratamos de reunirnos la familia, pero allí se perdió una hermana mía, la más pequeñita, que tenía ocho años; el resto nos fuimos reuniendo al rato de ir adelante, sin mi hermana. Pasada una hora iba con otra familia cogida de un
carrito pequeño, y la vi yo... (en este momento el relator rompe a llorar).
Cristóbal Criado Moreno, superviviente: 16 años en 1937
También nos ametrallaron desde los aviones. Mis padres nos cubrían con sus cuerpos...
Rosendo Fuentes, superviviente: 12 años en 1937
En la recta de Adra, no se veía la carretera: era tanta la gente que caminaba hacia Almería, que todo el camino era una mancha de gente.
José Ginés, superviviente: 20 años en 1937
Nunca he olvidado a aquella mujer que, herida por un obús, en medio de un charco de sangre amamantaba y abrazaba a su hijo de dos meses.
Miguel Escalona, superviviente: 10 años en 1937
Lo mismo que pasó en la carreta de Málaga-Almería lo he visto luego, y lo sigo viendo, muchas veces en el cine y en la televisión. Creo que lo que hicieron en Málaga fue como un ensayo de lo que posteriormente sucedió en otras guerras. Pero la primera vez que se atacó y bombardeó así a la población civil fue a nosotros, en aquella carretera: ocuparon Málaga y prepararon una trampa criminal a la salida.
Rosendo Fuentes Ayllón, 12 años en 1937
España aparta
de mí ese cáliz
II Batallas
César Vallejo, 1937
Málaga sin padre ni madre
ni piedrecilla, ni horno, ni perro blanco!
Málaga sin defensa, donde nació mi muerte dando pasos
y murió de pasión mi nacimiento!
Málaga caminando tras de tus pies, en éxodo,
bajo el mal, bajo la cobardía, bajo la historia cóncava, indecible, ]
con la yema en tu mano: tierra orgánica!
y la clara en la punta del cabello: todo el caos!
iMálaga huyendo
de padre a padre, familiar, de tu hijo a tu hijo,
a lo largo del mar que huye del mar,
a través del metal que huye del plomo,
a ras del suelo que huye de la tierra
y a las órdenes iay!
de la profundidad que te quería!
iMálaga a golpes, a fatídico coágulo, a bandidos,
a infiernazos ]
a cielazos,
andando sobre duro vino, en multitud,
sobre la espuma lila, de uno en uno,
sobre huracán estático y más lila,
y al compás de las cuatro órbitas que aman
y de las dos costillas que se matan!
iMálaga de mi sangre diminuta
y mi coloración a gran distancia,
la vida sigue con tambor a tus honores alazanes,
con cohetes, a tus niños eternos
y con silencio a tu último tambor,
con nada, a tu alma,
y con más nada, a tu esternón genial!
iMálaga, no te vayas con tu nombre!
iQue si te vas,
te vas
toda, hacia ti, infinitamente en son total
, concorde con tu tamaño fijo en que me aloco,
con tu suela feraz y su agujero
y tu navaja antigua,atada a tu hoz enferma
y tu madero atado a un martillo!
iMálaga literal y malagüeña,
huyendo a Egipto, puesto que estás clavada,
alargando en sufrimiento idéntico tu danza,
resolviéndose en ti el volumen de la esfera,
perdiendo tu botijo, tus cánticos, huyendo
con tu España exterior y tu orbe innato!
¡Málaga por derecho propio
y en el jardín biológico, más Málaga!
¡Málaga, en virtud
del camino. en atención al lobo que te sigue
y en razón del lobezno que te espera!
¡Málaga. que estoy llorando!
¡Málaga. que lloro y lloro!
Revista de la Universidad de México,
nº 29, julio 2006
Recuerdos de la Guerra Civil
en Málaga
Alfonso Sánchez Vázquez
Y los que todavía puede caminar de pronto tienen que detenerse y, espantados, echarse a tierra o esconderse en los huecos del camino o al otro lado de la sierra para no ser despedazados por los obuses de los cañones de los barcos de guerra que disparan a ras de tierra, o más bien del mar, desde doscientos metros. Pero los disparos atajan todos los movimientos sin que nadie pueda sentirse seguro. Cuando el fuego cesa, los supervivientes se encuentran ante los heridos que no pueden atender y ante los muertos que se quedan para siempre en ese tramo de la marcha. Y con esa trágica contabilidad los vivos reinician la marcha dejando atrás brazos arrancados, cuerpos partidos y, lo que es peor, los lamentos desgarrados de los heridos cuyas heridas no pueden cerrar.
(…)
Quien se detiene está firmando su sentencia de muerte. Y, sin embargo, de cuando en cuando hay que detenerse o correr. Y no sólo por los disparos rasantes que llegan del mar, sino por las bombas que labran la muerte desde el aire. El cielo –el límpido cielo andaluz-, es ahora el tenebroso espacio del crimen, desde el que los trimotores alemanes tiñen la tierra de sangre. Y, por si fuera poco esta alianza del cielo y del mar, en tierra los tanques pisan los talones a los últimos fugitivos de la caravana. Y con esta espantosa convergencia de la muerte por mar, tierra y aire, la columna fugitiva se estremece y estrecha cada vez más. Como fantasmas en la noche última, se arrastran los cuerpos con los pies sangrando, los pulmones secos y las bocas jadeantes, pronunciando una sola palabra que repiten débilmente: Almería, Almería, Almería… Aunque también hay algunos que avanzan como autómatas, pronuncias palabras incoherentes ya fuera del reino de la cordura.
Un boomerang en Jimena de la Frontera
Ángeles Vázquez León, Algeciras, 1998
Los aviones… venían muchos. Bombardeaban y nos ametrallaban. Supongo que esos aviadores se sentirían muy orgullosos de su valentía. Atacaban a un enemigo muy peligroso, un enemigo de mujeres y niños en su mayoría. Además los podían atacar a mansalva, pues estaban solos. Yo no sé a quién odiaba más en aquellos momentos, si a aquellos que nos masacraban o a los que nos estaban dejando masacrar o a los que nos estaban dejando masacrar, sin venir en nuestra ayuda. Pero, ¿Es que no había ningún barco que viniera a impedir la acción de aquellos? ¿Es que no había aviones-caza que atacaran a los que nos bombardeaban? ¿Es que no había camiones que vinieran a recogernos? Aún estaba casi toda España en manos del Gobierno, no era el caos final que fue luego ¿Cómo no organizaron aquello? Pues no fue un día sólo, fueron ocho para nosotros, para otros muchos más, suficientes para reaccionar… Pero nada. Allí estábamos los de siempre, la carne de cañón, los que no habíamos entrado ni salido en lo que pasaba, pero los que lo estábamos sufriendo hasta dejar nuestras vidas. Aquellos que habían formado aquel desastre estarían en sus despachos tranquilamente, ninguno estaría en la carretera. Los odié a todos y les deseé que se en encontraran en igual situación. De aquella chiquilla alegre que yo era, llena de sueños e ilusiones, no quedaba nada. Y los odié con todas mis fuerzas por aquello y por haberme hecho dura e insensible, que al ver los muertos destrozados, sólo pensara que menos mal que me había librado yo y pasar a su lado casi sin horrorizarme.
Testimonios personales
Para evitar el constante cañoneo nos desviamos hacia la izquierda, y entonces se ensañaron con salvajismo los aviones. Queríamos ocultarnos entre los árboles y las malezas. Y allí nos ametrallaban. Eran familias enteras que se enmcontraron con heridos, sin defensa ninguna. Trataban de vendar las heridas con pedazos arrancados de sus propias ropas, y porocuraban seguir marchando.
El sufrimiento personal lo aumentaba el salvajismo que veíamos desatado. A cada paso, en todos los momentos, la muerte nos amenazaba. Un universo de desolación nos rodeaba. Hombres, mujeres, niños, corrían desesperados, sobre todo, los niños que buscaban a sus madres…
Testimonio personal de Lina Molina Rivero
en Prieto Borrego, Lucía y Barranquero Texeira, Encarnación
La agonía de Málaga: población y retaguardia.
CEDMA, Málaga, 2007
La carretera estaba completamente llena de objetos: bultos de ropa, gramolas, máquinas d e coser, sartenes, sacos, maletas, sillas, mesas, cuadros… parecía que un camión de mudanzas se había estrellado cerca, dejando todo su cargamento esparcido por el camino…
Testimonio personal de Eloy Rodríguez Gómez
recogido por Francisco Miguel González López en sus Memorias de don Eloy Rodríguez Gómez
en Prieto Borrego, Lucía y Barranquero Texeira, Encarnación
La agonía de Málaga: población y retaguardia.
Málaga, 2007
Yo tengo –ya se me ha quitado un poco-, de más jovencilla, al mar le tenía yo horror, porque la carretera esa estaba toda al mar, no es como ahora, antes había una revuelta, otra revuelta, y ese sonido del mar me daba mucho miedo (…) bueno y pasamos un túnel, que había un túnel que pasar y mi madre, cuando salimos del túnel, se tiró abajo del caballo, se le fue la cabeza. En el túnelk todo el mundo iba llamando a todos sus familiares. Iban bestias, cabras, de todo eso iba, entonces, entre los chiollidos de eso y todo el mundo llamando: ¡Juan! Ppepe! ¡Elvira! (…) era un tún largo ymenos mal que el túnel se acabó, a mi madre se le fue la cabeza…
Testimonio de Concepción Lara Díaz
Recogido por Francisco Miguel González López
en Prieto Borrego, Lucía y Barranquero Texeira, Encarnación
La agonía de Málaga: población y retaguardia.
Málaga, 2007
Salimos de Jimena, aterrorizados, con mis padres y cinco hermanos, camino de Málaga, pero al llegar nos quitaron el camión unos carabineros y nos enteramos de que los moros y legionarios ya estaban llegando a Málaga. Salimos hacia Almería, ibamos toda la familia junta, pero en aquel caos, hostigados por la artillería y los aviones que nos ametrallaban en vuelo rasante, me perdí entre la muchedumbre. Recuerdo que algunos de esos aviones tenían una cruz roja pintada en el fuselaje. Se acercaban, se acercaban y después nos disparaban. Dias y dias, andando, rodeados de muertos y restos humanos por todos lados, estaba muy agotada, sin comida, hasta que desfallecí y me caí al suelo, hecha una pelota...de repente, escuché ruido de caballos y pensé: "Ya están aquí, me matarán" resignada, me tapé los ojos con las manos, resignada a morir... Entonces escuché una voz muy amable "Pero chiquilla, qué haces ahí sola, ¿No ves que vienen pegando tiros? Venga, súbete y salgamos de aquí pitando que nos matan" Era un soldado de caballeria republicano rezagado y me sacó de allí. Más tarde, en 1939, en Alicante, antes de coger el barco Stanbrook para Argelia, me encontré de bruces al carabinero que nos quitó el camión y le canté las cuarenta
Ángeles Vázquez León, 14 años en 1936
En Barranquero Texeira, E. y Nadal, A.
La carretera de Málaga a Almería. Textos y testimonios
Jábega, nº 58. Málaga, 1987.
Todo era la viva imagen de un paisaje desolador, más parecido a un cementerio con cuerpos esparcidos, retorcidos por el dolor de la metralla, que simplemente una carretera destrozada por el efecto de las bombas.
Criado Moreno, Cristóbal: Mi juventud y mi lucha, Málaga 1993, pp. 33-42
en Barranquero Texeira, E. y Nadal, A.
La carretera de Málaga a Almería. Textos y testimonios
Jábega, nº 58. Málaga, 1987.
Nos tiraban bombas incendiarias desde los aviones, y aquellos barcos enormes de Franco no cesaban de dispararnos con sus cañones. Veíamos a los marineros perfectamente, como se movían por cubierta, los cañones como se movían y nos apuntaban antes de disparar, es algo que si no lo has vivido no lo puedes comprender, ...Si los barcos se hubiesen acercado un poco más hubiesen chocado con las rocas, para ellos era como un macabro juego de feria, nos mataban como si fuésemos chinches.
Habían volado el puente que pasaba sobre el río Guadalfeo, después de Salobreña, poco antes de llegar a Motril, y una noche tuvimos que utilizar el paso por el lecho del río. Justo después de cruzarlo, sentimos como un terremoto y un ruido ensordecedor, cada vez más grande, terrible, sentimos mucho miedo, empezamos a escuchar gritos en la noche, aterradores, de niños, mujeres... habían abierto las compuertas de la presa y bajaba una riada enorme, que se llevó por delante a cientos de personas, que quedaron allí ahogadas o enterradas entre el barro y los cascotes. En el camino a Almería miles y miles de personas inocentes murieron miserablemente, sus huesos cubren todo el trayecto, bajo el asfalto de la nueva autovía..."
Acracia León Cuenca, 13 años en 1936
en Barranquero Texeira, E. y Nadal, A.
La carretera de Málaga a Almería. Textos y testimonios
Jábega, nº 58. Málaga, 1987.
Diario Málagahoy 13 abril 2005 |
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La trampa mortal del éxodo |
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A. J. Avilés Zugasti/ Málaga. |
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"Yo no he encontrado ningún suceso que se parezca a la masacre que sufrieron los malagueños –y los refugiados que habían huido del avance de la guerra en Cádiz y que se encontraban en Málaga en febrero de 1937– porque fueron víctimas de una trampa. Incentivaron a los "Fue difícil encontrar a gente que hablara porque cuando volví a Málaga ya se vivía medianamente bien y parecía como si nadie quisiera recordar lo que ocurrió. Tuve que pasarme por las tabernas buscando a hombres
En el año de la desbandá, Málaga estaba destrozada. "Había sido maltratada y saqueada, por uno y otro bando, y la población estaba hambrienta cuando comenzó el asedio y se lanzaron al camino", dice Melero, que ha escrito seis versiones de la novela que acaba de En La desbandá, se relata la historia de Mani, un niño de once años, y su familia. Una familia marcada por el secreto de su apellido, la ausencia del padre y las diferencias entre sus hermanos, de los cuales, Para la elaboración de esta novela, el escritor malagueño tuvo que recurrir a la prensa extranjera. "Todo empezó cuando en un viaje a Nueva York entré en la hemeroteca de The New York Times y al buscar Málaga vi una nota bastante amplia que contaba algo escalofriante que había ocurrido aquí en febrero de 1937". De ahí surgió la idea para escribir La desbandápero además Luis Melero fue un niño de posguerra que creció marcado por lo que escuchó y por los derrumbes que todavía asolaban la ciudad. "Era todo tan tremendo que corrí un estúpido velo, y no es un chiste", aclara. Melero tuvo que buscar en la prensa internacional lo que nunca se publicó en la nacional. "Hubo una especie de pacto de silencio. Los franquistas por los crímenes que cometieron y los republicanos porque no lo impidieron", sentencia. Málaga era una ciudad desarmada cuando Para Luis Melero, la historia de Málaga en la Guerra Civil El de la carretera de Almería fue un éxodo lleno de terror. "Málaga, arada por la muerte y perseguida entre los precipicios hasta que las enloquecidas madres azotaban la piedra con sus recién nacidos" son los versos de Pablo Neruda que abre esta novela, donde personajes ficticios viven hechos reales. |
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Soledad de Málaga |
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| Emilio Prados |
¡Ay dolor, dolor del viento, Llevo tu recuerdo a cuestas Desprendida de mis tierras, A montones nos salimos Mas si en mis ojos no hay sueño, |
(Fragmento de poema escenificado) Testimonios personales Yo cuando veo en los países esos los refugiados, nosotros íbamos igual, completamente igual. Yo me acuerdo que mi madre –porque no había agua ni nada- cigía un paño y filtraba el agua d elos sifones de la carretera, que tenía bichillos coloraos, para poder beber nosotros… Y una mañana muy tempranito, creo que era domingo, el 7 de febrero, viene la aviación pero no tiraban, dando vueltas y echando hojillas: Que nos entregáramos, que estábamos copados, que estábamos engañados, que el obrero honrado no tenía que temer nada (…) Aquel día no comimos, estábamos en las puertas del refugio y los aviones allí dando vueltas (…) y a las diez de la mañana, por el Puerto de la Torre, ya sentiamos los cañonazos para Málaga (…) a las tres d ela tarde ya sentíamos las ametralladoras (…) dos barcos se presentan en la bocana del puerto, cerrando la bocana pero no tiraban (…) ya la gente de Málaga había empezado a irse esa mañana… Testimonio de Antonio Sánchez Pando
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