Prensa
El País - Andalucía 04/02/2007
Domingo de Carnaval, 1937
Se cumplen 70 años del éxodo de población civil que huyó de Málaga hacia Almería
JUSTO NAVARRO
Entro en la catedral de Málaga y superpongo a la realidad de hoy las fotos de los refugiados en los días de la toma de Málaga por las tropas italianas y franquistas, en el carnaval de 1937. Era entonces Málaga una ciudad de refugiados que, desde el principio de la Guerra Civil, llegaban de Cádiz, Sevilla, Córdoba y Granada. En agosto y septiembre los golpistas tomaron Ronda y Antequera, y los campesinos corrían hacia Málaga, donde eran albergados en las mansiones del Limonar y el Paseo de Sancha, en la fábrica de Tabacos, en iglesias y conventos en tiempos de persecución religiosa.

Un muro protegía en la catedral los tesoros del templo, frente a la miseria radical de los fugitivos que buscaban cobijo en la ciudad asediada. El filósofo Adolfo Sánchez Vázquez, un muchacho entonces, comunista, recuerda cómo las masas de los pueblos vecinos añadían sus
necesidades a las necesidades de los malagueños. El americano Edward Norton, hombre de negocios en Málaga, partidario de Franco, vio caer sobre la ciudad una avalancha de harapientos, enfermos y aterrorizados. Luis Bolín, oficial de prensa del general Queipo de Llano, visitó la catedral inmediatamente después de la conquista: "El
espacio interior estaba ocupado en casi su totalidad por una horda repugnante hacinada en la mugre y la porquería... Un niño muerto yacía al pie de una columna; un hedor insoportable -el clásico olor a rojo- se extendía por las naves".
Las historiadoras Lucía Prieto y Encarnación Barranquero, de la Universidad de Málaga, han reconstruido el estado médico y moral de la ciudad en aquel invierno. A la hambruna, las pulmonías y la epidemia de sarampión se sumaban los efectos de los bombardeos. El americano Norton, comerciante en frutos secos, patrón de 300
trabajadoras con quienes compartía el momento de las bombas, anotó en sus diarios 49 ataques aéreos desde agosto de 1936. La aparición de los aviones animaba a quienes, como Norton, deseaban el triunfo del golpe. Las campanas, que habían llamado a misa, ahora anunciaban los bombardeos, y Norton constataba que "el general Franco era el único dueño del cielo azul de Andalucía" y percibía que "las autoridades rojas" ni siquiera habían tomado medidas para reforzar la moral civil y militar de una Málaga indefensa, sin refugios, intensamente bombardeada. La economista Marjorie Grice-Hutchinson recordaba un aspecto más a la situación del momento: la venganza popular contra las familias de clase media y alta, los asesinatos en la calle, los fusilamientos en el cementerio.
El pavor crecía en Málaga. Los cruceros Canarias y Cervera apuntaban sus cañones hacia el puerto. Los bombardeos eran reforzados por las amenazadoras charlas radiofónicas de Queipo de Llano, jefe de los
golpistas en el sur, y la fama de las tropas moras de Franco. La mujer de Gerald Brenan, Gamel Woolsey, le escribía a una amiga que acogería en su casa de Churriana a cuantos pudiera si llegaban la legión y los moros, "a quienes los campesinos temen tanto". El joven
Sánchez Vázquez cuenta que el 6 de febrero algunas unidades militares se replegaban a Málaga, desorganizadas y "en compañía de miles de refugiados que huían de sus pueblos, aumentando así la congestión y el caos en los caminos". El día 7, domingo de Carnaval, "tropas marroquíes e italianas ya estaban a unos cuantos kilómetros de la ciudad". Se oían los cañonazos. El Estado Mayor del coronel Villalba y los responsables políticos de la ciudad decidieron la retirada, hacia Torre del Mar, hacia Nerja. Abandonaron a la población a su
suerte.
Edward Norton lo cuenta así: "El general Queipo de Llano y el comandante de sus ejércitos, el duque de Sevilla, estaban lanzando todos sus efectivos sobre la Málaga roja (...) Los aviones nos sobrevolaron. Los cañonazos se oían cada vez más cerca. Entonces vimos la huida de Málaga de la gente aterrorizada (...) Una gran multitud bajaba por el Camino Nuevo (...) La Caleta estaba totalmente llena de gente, un espectáculo doloroso (...) Nunca habíamos visto una huida tan desesperada y esperábamos no tener que volver a ver nunca algo así". El jardinero de Norton perdió a su mujer y a sus cuatro hijos "en esa descabellada confusión".
Ni Norton, ni Queipo de Llano en sus charlas radiadas, hablaron nunca de los italianos, 10.000 soldados, tres columnas fundamentales en la ofensiva sobre Málaga con apoyo de tanquetas y aviación, desde Antequera y Loja, sobre la capital, y desde Alhama sobre Vélez. El
coronel Borbón, duque de Sevilla, avanzaba desde Marbella por la costa. El domingo 7 de febrero los italianos estaban a 5 kilómetros del centro de Málaga. Italianos y españoles entraron en la ciudad el lunes de Carnaval. El periodista Arthur Koestler, que estaba a punto
de ser detenido por su colega Luis Bolín en casa de un súbdito inglés, recuerda que en la mañana del 9 de febrero vio bajar a Málaga camiones de italianos en interminable columna. Le llamaron la atención los uniformes impecables y la alegría del vencedor en la
cara de los soldados.
El historiador Antony Beevor ha contado el bombardeo de Málaga por la aviación italiana y la flota franquista apoyada por el buque alemán Admiral Graf Spee, y ha recogido una anotación del diario de Wolfram von Richthofen, jefe de la Legión Condor, del 6 de febrero: "Por fin ha podido despegar la escuadrilla de cazas, los italianos avanzan con dificultad (...) aún están a cuatro kilómetros de Málaga".El 8 de febrero el alemán estalló de júbilo: "¡Hemos tomado Málaga!" Los malagueños en masa huían hacia Almería. El historiador Beevor lo cuenta así: "Las descripciones de la huida de civiles y milicianos
exhaustos que escapaban de la ciudad por la carretera de la costa son espeluznantes: mujeres enloquecidas (...) amamantando a sus hijos muertos (...) los más viejos y débiles (...) muriendo a lo largo de la carretera bajo el fuego de los morteros que llegaban desde el mar y desde los aviones que en vuelo rasante ametrallaban sin piedad a los fugitivos". Luis Bolín, el periodista que contrató para Franco el vuelo del Dragon Rapide Las Palmas-Tetuán, negó lo principal en sus memorias: "Los rojos denunciaron al mundo que nuestros buques de guerra cañoneaban a cuantos escapaban por la costa, pero yo no descubrí el más mínimo vestigio de semejante cañoneo".
Sin citar a las decenas de supervivientes que aún recuerdan los cañonazos, Queipo de Llano rectificó en cierta medida por anticipado la memoria de su subordinado Bolín, en su charla radiada del día 9: "Un parte de nuestra aviación me comunicaba que grandes masas huían a todo correr hacia Motril. Para acompañarles en su huida y hacerles correr más aprisa, enviamos a nuestra aviación que bombardeó incendiando algunos camiones". El cuaderno de bitácora del crucero
Canarias, citado por Jesús Majada y Fernando Bueno, desmiente a Bolín: "Se dispararon los cañones de 12 centímetros de estribor sobre grupos que huían de Málaga por la carretera".
Nos hemos acostumbrado a hablar de la Guerra Civil de 1936 repitiendo los esquemas de los aparatos de propaganda de los golpistas y del Gobierno de la República. El británico Beevor dice que todos estamos
dispuestos a conocer los hechos tal como ocurrieron siempre que coincidan con nuestras ideas preconcebidas. Pero el episodio de la huida de Málaga, contado por quienes lo vivieron, demuestra hasta qué
punto son compatibles en un mismo momento histórico y en distintos bandos la crueldad, la insensatez, la traición, la indefensión y la inocencia.
La Opinión de Málaga, 12/02/2007
Memoria histórica
Torre del Mar recuerda con un emotivo homenaje los sucesos de 1937
Reencuentro con la carretera de Almería 70 años después. Salvador Pendón y Antonio Souvirón escuchan el relato de una superviviente.
LUCÍA GODOY
"Abandonados a nuestra suerte, éramos carne de cañón". Con estas palabras definía Ángeles Vázquez lo sucedido hace 70 años. El 7 de febrero de 1937 decenas de miles de malagueños huyeron a través de la carretera que unía Málaga y Almería de las tropas italianas y de los bombardeos de los aviones y buques alemanes. Episodio silenciado hasta hace apenas tres años ya que tanto los nacionales como los republicanos preferían callar; pues si unos bombardearon a la población civil, los otros no fueron en su ayuda.

La Diputación Provincial de Málaga, junto con el Ayuntamiento de Vélez Málaga, celebró ayer, por tercer año consecutivo, un acto-homenaje a las víctimas y supervivientes del genocidio de la carretera de Almería. Torre del Mar se convirtió en punto de encuentro de aquellos que venían desde Málaga capital y Cádiz y de los que llegaban huyendo de las tropas nacionales que avanzaban por Alfarnate. Vecinos de toda la Axarquía huyeron a Almería tras unos doce días de camino. Algunos que lograron llegar a duras penas murieron allí ya que, según el testimonio de los supervivientes, al poner sus pies en Almería tuvieron que enfrentarse al ataque más sangriento de todo el camino.
Acto. En el denominado `Parque de la Memoria´, diseñado por el artista Rogelio López Cuenca, donde se han instalado este año paneles con nombres de unas 600 víctimas y supervivientes, tuvo lugar un acto institucional en el que, entre otras autoridades, estuvieron presentes el presidente y vicepresidente de la Diputación, Salvador Pendón y Antonio Blanco, respectivamente, y el alcalde de Vélez Málaga, Antonio Souvirón.
Además, numerosos representantes de Izquierda Unida a nivel local, provincial y regional también se dieron cita en el homenaje para acompañar a más de 150 supervivientes y familiares que llegaron de todas las provincias de Andalucía e, incluso, de Francia y Argentina. Asimismo, el acto también sirvió para que muchos mayores víctimas de este episodio de la Guerra Civil española se acercasen a dejar sus datos y formar parte del amplio censo que dispone la Diputación y que empezó a elaborar en 2004.
El acto-homenaje a las víctimas y supervivientes arrancó al filo del mediodía. Tras la intervención de Salvador Pendón, Antonio Blanco y Antonio Souvirón, Ángeles Vázqueznarró su peregrinar desde Jimena de la Frontera, Cádiz, hasta Almería. Vázquez contaba con 14 años entonces y recuerda sin rencor su estancia en un campo de concentración en Argelia, desde donde volvió a su pueblo natal. La argentina Gabriela Garrido también hizo partícipe a los allí congregados del desgarrador episodio vivido por sus padres, razón por la que vino a España.
La marcha. Los protagonistas de este homenaje no sólo son las víctimas y supervivientes de aquel trágico episodio sino las 200 personas que se han movilizado bajo el llamamiento de Izquierda Unida de Vélez Málaga y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Muchos jóvenes, descendientes de las víctimas y muchos de los propios supervivientes han realizado a pie una marcha que partió el domingo 28 de enero desde Motril. Ayer afrontaban la última etapa comprendida entre Nerja y Torre del Mar. Sin embargo, no fueron muchos los representantes políticos que se quedaron, tras el acto institucional, a esperar a estas personas que tras haber iniciado su peregrinación a las siete de la mañana, llegaron a Torre del Mar a las dos y media de la tarde tras recorrer 22 kilómetros.
"Ésta es otra historia más profunda", dijo el secretario local de IU, Salvador Marín. Pedían también con esta marcha simbólica la anulación de todas las sentencias militares contra el pueblo y, sin duda apelaron al sentimiento de la población para que se unan a este homenaje el próximo año.
Diario Málaga hoy 12/02/2007 |
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La memoria juzga un crimen de guerra |
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MAYTE CORTÉS |
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Ayer, mientras en el Peñón del Cuervo de Málaga, en el denominado Paseo de los Canadienses, decenas de personas acudían a un acto de homenaje a las víctimas de este crimen de guerra, más de 200 personas dieron vida en Vélez-Málaga al parque que hace 70 años fue un punto de encuentro para las personas que huyeron hacia la provincia vecina tras la entrada de las tropas franquistas en Málaga en febrero de 1937. Junto a la estación de autobuses de Torre del Mar se encuentra este nuevo espacio urbano creado por el artista Rogelio López Cuenca, el arquitecto Santiago Cirugeda y Salvador Relaño, encargado del ajardinamiento, como homenaje a las víctimas de uno de los episodios más cruentos de la Guerra Civil. Desde hoy más de 400 nombres con sus propias grafías han quedado inscritas en el mobiliario urbano. Entre ellas, el de Ángeles Muñoz. Tenía 14 años cuando salió desde La Malagueta con sus cuatro hermanos y su madre. No olvida las llagas de sus pies y el griterío de padres e hijos que luchaban por no perderse. "Nunca me he explicado por qué hubo tanto silencio sobre esta masacre. Ahora sé que unos se avergonzaron por la matanza y otros porque no nos prestaron ayuda. Allí estábamos los inocentes. Maldito silencio", reflexionó esta superviviente que participó en el acto organizado por la Diputación Provincial de Málaga y el Ayuntamiento de Vélez-Málaga. Graciela Garrido, quien también intervino, decidió venir a España desde Argentina en busca de una reparación por lo que vivió su familia paterna en esta carretera. "Lo que pasó no tenía que haber sucedido nunca, aunque para mí, con este homenaje de hoy, se cierra un ciclo", comentó emocionada. Y las historias se repiten en el recuerdo de todos los supervivientes que sufrieron el bombardeo de los aviones alemanes e italianos y los cañonazos de la marina nacional. "No se puede olvidar. Los túneles estaban llenos de carne y escombros. Yo era sólo un chaval de 11 años y le daba la vuelta a los cuerpos buscando a mi padre", recordó Juan Manuel García sobre el periplo que pasó por la 340 desde el barrio de La Victoria. El acto tuvo como epílogo la llegada al Parque de la Memoria de una caravana peatonal de supervivientes y familiares de las víctimas que en los últimos tres domingos han recorrido por etapas la distancia entre Motril y Torre del Mar, en un trayecto inverso al efectuado en febrero de 1937. La marcha, organizada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, IU y el PCE, contó con más de 200 participantes, procedentes de diferentes localidades granadinas y malagueñas. Uno de los más veteranos es José Alarcón, natural de Benamargosa, que a sus 77 años ha efectuado los tres recorridos como homenaje a todas las víctimas. "Es imposible olvidar ese asalto al poder que pagaron muchos inocentes con sus vidas", dijo este superviviente. Así, y tras un proceso intencionado de tres años, se cierra el papel de sus agentes creadores. A partir de entonces, quedan en manos de los ciudadanos. Serán los supervivientes, familiares y todas las personas sensibles a la tragedia bélica quienes den vida al jardín de la memoria. historia Recuerdo. Sendos actos en Málaga y Torre del Mar homenajean a las víctimas y supervivientes de la huida desde la capital a Almería tras la toma por las tropas franquistas en 1937 y el continuo bombardeo de la flota y aviación nacionales. |
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Diario Sur, 12/02/2007 Setenta años después, Pepe participó ayer junto con otros supervivientes en la marcha organizada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, IU y el Partido Comunista. Una marcha que ha recorrido los 219 kilómetros en tres etapas y en sentido inverso, y que culminó ayer con el recorrido entre Nerja y Torre del Mar. Pepe Alarcón tenía sólo siete años cuando huyó de Benamargosa con sus padres y sus tres hermanos. «Era casi de noche cuando salimos en desbandada solo con lo puesto. Recuerdo el miedo y las zapatillas rotas y manchadas de sangre de tanto caminar». Bombardeos Pepe era tan sólo un niño, igual que Concha Lara, que tenía 11 años y asegura que solo podían caminar durante la noche para evitar los bombardeos constantes de los barcos y los aviones. «Pasabas por encima de los muertos y no los mirabas porque no podías hacer nada, solo seguir adelante». El éxodo estuvo protagonizado en burros o a pie por mujeres, hombres, niños y ancianos que fueron atacados por las tropas nacionales. Unos hechos que han permanecido silenciados todos estos años. «Los nacionales no reconocieron el bombardeo a la población civil, y los republicanos callaron ante la vergüenza de no haber hecho lo suficiente por defender a los refugiados», asegura José Luis Cabello, miembro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Ahora, los supervivientes se sienten muy agradecidos de que por fin se reconozca su sufrimiento. «Me he emocionado mucho porque se le ha hecho un homenaje a mi padre en Calaceite, donde lo capturaron y más tarde fue fusilado», afirma emocionado Juan Lahoz, que participó en el éxodo con tan sólo cinco años. Manuel Borgel tenía entonces nueve años y estaba cuidando cerdos en El Trapiche. «Llegaron las tropas anarquistas gritando: '¿Que vienen los moros!', y me llevaron con ellos para protegerme. Llegué con los refugiados hasta Francia y no volví a ver a mis padres hasta 1939 cuando acabó la guerra», recuerda. En la marcha también participaron, además de personas de toda la comarca de la Axarquía, gente de Málaga, Motril, Salobreña, Almuñécar o Almería. «Estamos consiguiendo nuestro objetivo que no es otro que dignificar a las personas que participaron en este dramátic suceso y quitarles el estigma de ser familiares de rojos», afirma José Luis Cabello. Barcelona, 1978 Después del nuevo revés sufrido ante Madrid, los fascistas necesitaban obtener un éxito incluso limitado, fuera el que fuera y donde fuera (...) El general Queipo de Llano decidió lanzar una gran ofensiva sobre Málaga, en el sur de España. La realización de ese plan se hizo posible con la llegada a Cádiz, a fines de diciembre de 1936 y comienzos de enero de 1937, de varios miles de legionarios italianos. Incorporados al Tercio, fueron formadas con ellos unidades completas mandadas por oficiales italianos igualmente; en total, dos regimientos de tres batallones, con la proporción necesaria de ametralladoras, morteros y piezas de campaña. Con otros cuadros y nuevos grupos de legionarios llegados de Roma se crearon otras dos brigadas italo-españolas que recibieron los nombres de Flechas Negras y Flechas Azules. Las fuerzas italianas fueron puestas bajo el mando del general Roatta. (...) El diez de enero se pusieron en marcha los fascistas, con fuerzas considerables. Solamente las fuerzas "voluntarias" que apoyaban la operación estaban compuestas de 5 regimientos de infanterí, 4 compañías de tanques, autoblindados, motoametralladoras, un grupo de artillería de 14,90 y 7 baterías (...) El apoyo aéreo estaba asegurado desde la base de Tablada (Sevilla), por escuadrillas de bombardeo, caza y reconocimiento. El avance se hallaba apoyado desde el mar por los cruceros fascistas Baleares y Canarias, armados con cañones de 203 y 120mm. Queipo de Llano instaló su cuartel general en el crucero Canarias, durante toda la operación. Las fuerzas republicanas eran muy inferiores en número, armamento y equipo. Los combatientes antifascistas se batían en ese frente montañoso (...) vestidos con ropas ligeras y calzados con alpargatas. Desde el comienzo de las operaciones se hizo evidente que el mando militar de esa zona era culpable de grandes negligencias que bordeaban la traición. En tales condiciones podía comprenderse que los soldados republicanos, aunque lucharan con encarnizamiento, no podrían contener el ataque fascista. La resistencia de los republicanos frente a Ronda fue muy tenaz. A comienzos de febrero, los fascistas atacaron de nuevo sobre el eje Burgos-Ardales-Alcora-Monda-Coín. Los combates se hicieron cada vez más duros. El cinco de febrero, tres columnas fascistas se dirigieron sobre Málaga. El seis, la ciudad fue bombardeada a la vez desde el aire y el mar (...) El ocho de febrero, Málaga fue ocupada por los fascistas. Los batallones republicanos intentaron aún contener el avance del enemigo entre Colmenar y Vélez, pero tuvieron que retirarse para escapar del cerco que los amenazaba. El diez de febrero, los destacamentos de vanguardia italianos entraron en Motril. Los pilotos italianos, que se habían entrenado en Etiopía en matar mujeres y niños, asesinaron a la población civil que huía hacia Almería a lo largo de la carretera que bordea la costa. Los cruceros Baleares y Canarias cañoneaban a los fugitivos. Decenas de miles de ancianos, mujeres y niños a pie, en mulas o carros, cargados con pobres bultos que encerraban lo más preciado que tenían, intentaban escapar de ese infierno.La masa de personas que desembocaban de los pueblos de la montaña aumentaba sin cesar la de los habitantes de Málaga que huían por la carretera de la costa. El espectáculo de ese éxodo era apocalíptico; aquí, una madre lloraba sobre el cadáver de su hijo; allí, unos niños aterrados no soltaban la mano de la madre muerta (...) Llenos de terrible desesperación, los hombres maldecían al mar, a la tierra, al cielo, a la guerra, al fascismo, a todo lo que era causa de su desgracia, a todos los responsables de todos los sufrimientos que padecían. Maldecían al dios que reinaba sobre esa tierra y ese cielo mortíferos, maldecían a los hombres que permanecían indiferentes ante sus sufrimientos. |
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